El cepillo de dientes – Jorge Díaz.

•30 Març 2011 • Feu un comentari

– Anoche soñé con un tenedor… bueno eso no tiene nada de misterioso. Debe ser un símbolo sexual inconsciente, pero lo raro, era que el tenedor decía que era una cuchara. El pobre tenía complejo de cuchara… de cuchara de postre.

Sí, en el sueño había un postre… y el postre era yo. Se movía así, era jalea de Damasco. Yo no se porque soy tan complicada. El psiquiatra tampoco. Me dijo que hablara en voz alta por las mañanas, que eso era bueno para la salud mental… “Imagínese que está sola en un escenario iluminado frente a 150 personalidades y a ud. no le importa nada”. […]

 

Vivo con un hombre. Por lo menos todos llaman así a este ser de pies grandes que hace gárgaras en los momentos más inesperados y se rasca siempre la axila izquierda.

 

A veces, creo que sería mejor vivir con el tenedor. Sin complejos naturalmente.

Yo soy su mujer. Eso quiere decir que debo ser femenina. Lo que no es fácil. Hay que sentirse débil y poner brillantes los ojos para que el ser de pies grandes la proteja a una.

También debo ser atractiva. No debo permitir que me crezca bigote ni se me caigan los dientes. Tengo que recordar que los ravioles ensanchan las caderas y que los espárragos achican el busto.

 

La verdad es que estoy cansada. Horriblemente cansada de ser la esposa femenina de ese animal masculino que se rasca y lee el diario.

Quisiera… quisiera engordar, fumar un puro y enviudar de una manera indolora y elegante.

Él tambien habla solo… pero durmiendo. Yo en cambio, hablo sola despierta, es bueno para la ventilación mental como dice mi doctor, y también para que a una se le ocurran ideas. Ideas inocentes para enviudar sin anestesia.

 

Tengo algunos planes. Desde luego el café no es café, no. Tampoco Nestcafé. Es veneno. Veneno con gusto a café descafeinado. Las tostadas, parecen tostadas, ¿verdad? Y en cierto modo lo son; pero las tosté con gas de hidrógeno que produce efectos fatales al ser digeridas. El azúcar tiene un poco de tanax granulado. Ésto último fue un virtuosismo de especialista, pero deben perdonármelo.

Es hora de actuar.

¡El desayuno está servido!

– Un día en una habitación.

•7 Març 2011 • Feu un comentari

– Suena el despertador, abres los ojos. Las siete de la mañana, entiendes que no es un día normal, hoy tu despertador no ha sonado para ir al instituto, ni para ir al partido. Hoy tu despertador ha sonado para que empieze el día más largo de tu vida, aunque gran parte de este día ni siquiera estes consciente.

Te duchas, te vistes, te cambias, no sabes que ropa es apropiada para este momento, no sabes nada. Sabes que no durarás mucho más con esa ropa y eliges un chándal, o quizás unos vaqueros, algo fácil de poner y quitar y que no moleste.

Te decides a abrir la puerta de tu casa, decides emprender el día como si fuera un día normal, pero sabes que no lo es. Es la primera vez que tienes esta sensación y por eso no sabes como sentirte. No sabes si lo que sientes es tristeza, añoranza o nervios, o quizás una mezcla de las tres. Aunque todo el mundo se empeñe en decirte que estes tranquila tu no sabes afrontar esa situación, no sabes como hacerlo.

Llegas, son las ocho y cruzas esa enorme puerta de cristal tan característica de ese gran edificio amarillo. Subes las escaleras, hasta el segundo piso, no te cuesta nada porque estas acostumbrada a subir escaleras. Cuando llegas te asignan esa fría habitación vacía, esa fría cama y te cambias. Te tumbas, quieren que te relajes. Deberías hacerlo pero no puedes, tus nervios son superiores a ti. Te calmas un poco, hasta el punto de que pasa el tiempo sin que te des cuenta, ya no miras cada dos por tres el reloj, solo esperas. Esperas hasta que llega él, y se te lleva a otra sala donde hay más personas como él, preparadas para llevarte dentro. Médicos. Cirujanos. Te anestesian, te duermen y finalmente cuando despiertas estas en la misma cama que al llegar, con gente alrededor. No te sientes bien, quieres que se vayan todos. Quieres estar sola, tú y tu pierna recien operada, tú y tus puntos, tú y tu dolor, nadie más.

Tres días después vuelves a casa, y año más tarde vuelves a esa fría cama.

Dos años después renuncias. Y años más tarde…

– Es lo que hay…

•17 febrer 2011 • Feu un comentari

– Yo se que no soy perfecta, que no tengo un buen cuerpo, que no soy agraciada de cara, pero eso no es nada nuevo, y no se puede arreglar, es evidente. No tengo problema por no ser la persona que todo el mundo desearía, no tengo problema por no ser la tía con la que todos los tíos se girarían cuando yo pasara por su lado. Ese no es mi problema, porque yo jamás he querido ser así. Mi problema es que por mucho que yo tenga asimilado que no soy esa persona y que sepa perfectamente que nunca lo seré, nadie se tiene que meter con mi condición física, ni con mi belleza. Si uno no es lo que otro quiere simplemente se hace acto de silencio y se guarda lo que se piensa para uno mismo, sin hacer daño. Porqué a lo que me lleva todo esto es a la falta de afecto. Falta de afecto que creí que ya se había acabado, y que por fin despues de tanto tiempo las cosas cambiaban, que iba a ser diferente de lo que era antes. Pero no, sigo siendo el centro de todas las “burlas”, sigo siendo la persona que se siente cada vez más pequeña porque no tiene nada ni nadie con que hacerse grande. Y los comentarios de la pierna, ¿sabes lo que se pasa estando así? Pues entonces ¿porqué nadie puede entender que no quiera escuchar comentarios de ese estilo? Pero claro, en el momento de hacer daño, todo vale y nada importa. ¿Cómo una persona puede malgastar tantas lágrimas aún sabiendo que las está malgastando?

 

No quiero que factores condicionen mis ganas de entrar por la puerta solo porque alguien haya decidido tratarme así, por mucho que después vengan las buenas caras, y los abrazos. Aunque no lo hagan con mala intención, no me conocen. Ninguno me conoce, precisamente por eso nadie debería hablarme así.

 

Y aún así me siento la persona más débil del mundo, y nadie me va a levantar del suelo, solo yo puedo. Pero ahora no puedo porque no me puedo levantar si me estan hundiendo. Y tampoco se si me quiero levantar, porque al caer y quedarte en el suelo, no puedes caer más. Y vives en un acuerdo con tu amargura eterna.

 

Hasta el final.

– La inutilidad del sufrimiento.

•10 febrer 2011 • Feu un comentari

– La inutilidad que me proporciona el sufrimiento de esta situación. No es sufrimiento físico, ni mucho menos, ese sufrimiento se trata con medicamentos adecuados y un día se te pasa, te olvidas cuando ya no sientes nada, cuando no hay dolor.

Pero yo hablo de sufrimiento interno, algo que solo comprende aquella persona que ha pasado por esa situación. No es que sea algo muy grave, pero en según que momentos es como un puñal que no te puedes arrancar. Se acumula dentro de uno mismo y se hace una pelota, y a medida que pasa el tiempo esa pelota se va haciendo más y más grande. Hablo de sentirse inútil al lado de la gente, es un sentimiento que alguno podrá pensar que es efímero y que no dura para siempre, pero cuando se manifiesta es una de las peores sensaciones que puedes tener.

Aunque me lo tome con humor, los comentarios duelen, te ríes de ello solo para aparentar normalidad, como que no pasa nada, como si fuera el pan de cada día. Pero no se te van de la cabeza.

Ni que se preocupen tanto por un hecho que consideras sin importancia, que tu crees que no la tiene y que para los demás no es normal verte así, por eso se preocupan. A mi esas preocupaciones me sientan mal, no podría llegar a explicar lo que siento cuando alguien está preocupado por mi, no me gusta. No me gusta que lo pasen mal por mi, aunque para ellos sea lo más normal del mundo.

Aún hay gente que cree que no puedo llevar esta situación yo sola, claro que puedo. No es que yo no quiera hacer lo mejor para mi, es simplemente que no quiero cambiar mi vida por equis tiempo, simplemente por tener una lesión. No quiero que cambie nada, no quiero preferencias. Considero lo mejor para mi es hacer una vida normal, las cosas no pueden estropearse más simplemente por no hacer reposo. Lo que haya ahí estará, y si no hay nada pues entonces estamos haciendo de un grano de arena una montaña. Una montaña que me pesa.

Pero sin mentirnos, la única que sabe exactamente lo que siento, soy yo misma. Nadie mejor que yo podrá saber lo que estoy sintiendo, todo lo que pasa por mi mente.

Miedo. Es simplemente eso, por eso no le quiero dar importancia. He tenido este miedo veces anteriores y por eso no supone una carga para mi, aunque alomejor le de demasiada importancia y finalmente si acabará siendo una carga.

Pero a veces siento que este miedo lo siente más la gente de mi alrededor que yo misma. Y debería ser yo la que llorara por lo que ha de pasar, si ha de pasar algo.

Solo pido que no se hagan comentarios sobre mí, ni sobre el básquet. Porque en su momento mi carga más pesada con los comentarios me la trajo el baloncesto, y he llorado noches y noches por comparaciones y comentarios sobre mi rodilla.

La conclusión de todo esto, podría ser que quiero normalidad. No quiero volver a llorar como antaño. Quiero sacarme la espina de dentro y que mi vida vaya por un camino llano, por ahora.

– No solo eran lo que parecían.

•23 Desembre 2010 • Feu un comentari

– ¿Dónde estan las bambas negras y blancas?

– ¿Las de básquet viejas?

– Sí, esas. Las necesito.

– ¿Para qué? Estaban echas polvo, hija.

– No me importa como estuvieran, sino que las necesito, son un recuerdo. Han simbolizado una etapa en mi vida, una etapa dura, llena de obstáculos que he llegado a superar, necesito saber que se donde estan, necesito guardarlas cerca mío, se que ahora que he salido de esas situaciones tan complicadas y que finalmente las pude utilizar para cumplir mi sueño me puede ayudar a superar nuevos obstáculos. Mama, las necesito. No son solo unas bambas, para mi no. Cuando las miro me acuerdo de la espera, cuando las compré y no las podía utilizar. Me acuerdo de todo. De que no las estrené yo, me acuerdo de todos los días que pasé allí, en aquel lugar, ocupando siempre 3 sillas cuando estaba en las gradas, y cuando bajaba a pista a ver el entreno y el partido. Necesito verme en un banquillo dispuesta a jugar, aunque no pudiera. Y tambien me acuerdo de lo que pasó mas adelante. De todas las veces que mentí para poder seguir en pista, de todas las veces que cojeé y pude disimularlo para que no se dieran cuenta de que me dolía la rodilla. De como luché, por conseguir lo que quería, aunque ahora me haya ido. Necesito saber que un dia fui valiente, junto a otras personas a las cuales ahora echo de menos, y que en un futuro podré seguir siendo igual de valiente. Necesito mirar atrás, porque en aquellos días quería saber como sería mi futuro, sin una lesión, y ahora que se lo que ha pasado, y que soy consecuente con mis actos, necesito mirar atrás para saber en que fallé y en que escogí la opción correcta. Por esa razón necesito las bambas, simbolizan todo esto y mucho más. Me acuerdo de cuando las compré, de con quien fui, y la persona que quería esas bambas y finalmente me las acabé comprando yo. Me acuerdo de que más adelante, yo no quería otras bambas, porque aunque estas estubieran rotas a mi me gustaban tal y como estaban, pero aun así me gustaban otras bambas, y la persona la cual quería las bambas que yo me compré en un pasado, se compró las bambas que a mi me agradaban en ese momento. Recuerdo muchas cosas relacionadas con mis bambas. Por eso, las necesito.
¿Dónde estan?

– Ahora me sabe mal decirte esto, pero las tiré. Estaban muy viejas.

– Autobiografía.

•12 Desembre 2010 • Feu un comentari

No cojas la cuchara con la mano izquierda.

No pongas los codos en la mesa.

Dobla bien la servilleta.

Eso, para empezar.

 

Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.

¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?

Le pondré un zero en conducta si habla con su compañero.

Eso, para seguir.

 

¿Le  parece a Ud. ccorrecto que un ingeniero haga versos?

La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.

Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.

Eso, para vivir.

 

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.

No bebas. No fumes. No tosas. No respires.

¡Ay si, no respires! Dar el no a todos los no

y descansar: Morir.

 

 

– Gabriel Celaya.

– Carta a aquello que me hizo feliz.

•20 Novembre 2010 • Feu un comentari

Querido,

Lo siento. Perdóname por irme de esta manera. Tuve que dejarte marchar, tuve que seguir mi camino sin ti por culpa de ella. No fue tu culpa, yo te sigo amando igual que siempre, desde el primer día cada vez más. Ahora que estoy lejos de ti es todo tan extraño. Se me hace tan dificil seguir adelante, pero fue mi decisión, no puede haber marcha atrás. Todo el mundo me pregunta por ti, y cuando les digo que me tuve que alejar todos se extrañan y me miran como si les mintiera. Jamás mentiría con una cosa semejante. No me olvides jamás, tu para mi fuiste un sueño hecho realidad, un sueño que se podía tocar, sentir, llorar y admirar. Eres el sueño de más de uno, y fuiste mío. Yo te quiero, y quizá tu tambien me quisiste. Pero se que ahora no me echas de menos, fui el pequeño grano de arena que forma tu enorme montaña, igual que mucha otra gente.

Esta carta es para que algun día la relea, ya que tu no la recibirás jamas, y vuelva a recordar todos los momentos que pasé contigo, todas las veces que lloré por ti, todas las veces que reí contigo, todas las personas que conocí gracias a ti, y a todas las que perdí por tu culpa. No te culpó por todo el daño físico que recibí por tu culpa, se que son gajes del oficio, y realmente estas pequeñas cosas me han enseñado y me han dado conocimientos que jamás creí asumir.

Esta breve, pero intensa carta, queda dentro de mi, en lo más profundo de mi corazón. Porque hay un antes y un después claro en mi vida. Antes de empezar contigo, y finalmente cuando acabé y me alejé de ti.

No me olvides jamás, recuerdame como a aquella persona como a tantas que le hiciste feliz.

 

Baloncesto, jamás te vayas de mi corazón y de mi mente. Te quiero.